Hay momentos que te cambian la vida para siempre. En 2018, con 35 años y dos hijos, me diagnosticaron un cáncer de mama triple negativo, uno de los más agresivos. Mi cuerpo pasó por quimioterapia, 35 sesiones de radioterapia y varias cirugías. Pero mi lucha no se quedó en los hospitales. Tras sufrir en primera persona la falta de coordinación del sistema —como aquel análisis genético que se perdió 'por el camino' retrasando mi tratamiento— decidí que mi experiencia tenía que